El oeste en la Historia del rock puertorriqueño

Draco Rosa

Netflix lo volvió a hacer. La gran plataforma de contenidos audiovisuales en streaming ha estado en el centro del debate durante las últimas semanas con motivo de la emisión del documental “Rompan todo: La historia del rock en América Latina”, una mini-serie producida por el músico y compositor Gustavo Santaolalla, que recorre las escenas musicales de países como Argentina, México o Chile.
Sin embargo, entre la comunidad de amantes del rock en Latinoamérica, el documental sentó un poco mal por obviar o incluir someramente a bandas de otros países como Colombia o Perú, ya que la serie se centra principalmente en el rock argentino y mexicano.
En Puerto Rico la reacción fue similar: los amantes del rock y sus géneros derivados, como el heavy metal o el punk, se preguntaron dónde quedaban las bandas del Caribe, especialmente las boricuas.
Es verdad que Puerto Rico no ha destacado a nivel internacional por sus agrupaciones de rock, pero también es cierto que la escena en el país tiene una larga tradición que se remonta a los años 60 con la conocida como “Nueva Ola”, donde unos jóvenes Chucho Avellanet o Lucecita Benítez hacían bailar a la juventud boricua a ritmo de rock and roll, inspirados por The Beatles y su `beatlemania´.

Fofé


También durante esa época las influencias del movimiento hippie y el rock llegaron a la isla a través de figuras como José Nogueras y su grupo Bandolero, inspirados por sonidos más duros y cercanos a bandas como Led Zeppelin o Jimmy Hendrix.
En ese contexto de movimientos contraculturales, drogas y oposición a la guerra de Vietnam se organiza el primer festival de rock en Puerto Rico: el Cabo Rojo Rock Festival, organizado en el verano de 1971 en una finca del Combate en Cabo Rojo, y que congregó al movimiento hippie boricua de la época entre marihuana, amor libre y rock psicodélico, una versión puertorriqueña del festival de Woodstock.
En esa ocasión sonaron algunas de las bandas de rock que en la isla se habían ido desarrollando, como Carpet Baggers, Panthers, Imitations, They & I o Banda del K-rajo.
A partir de entonces, el rock en Puerto Rico ha vivido diferentes épocas, casi siempre a la sombra de la salsa o los géneros urbanos, aunque con momentos de efervescencia como los vividos con Draco Rosa, Puya o Fiel a la Vega en los años 90.
De entre todas las regiones del país, el oeste ha sido uno de los enclaves donde el rock ha tenido un mayor arraigo y donde con más popularidad los sonidos de origen anglosajón se han desarrollado. Ciudades como Aguadilla, Mayagüez o Cabo Rojo -como queda evidenciado con el primer festival de rock- han sido importantes epicentros del rock puertorriqueño, y cuna de grandes bandas de punk, heavy metal o ska gracias a su constante contacto con turistas norteamericanos y a la base Ramey, por donde entraba mucha música que importaban los soldados.

Los Petardos


El oeste de Puerto Rico ha dado grandes nombres en el rock como José David Pérez, natural de Aguada y miembro de la banda Circo, nominados a los premios Latin Grammy. O Fofé Abreu, natural de Isabela y cantante de Circo, El Manjar de los Dioses o Fofé y los Fetiches, una de las voces más respetadas en el rock insular.
También nombres como Werner Rodríguez, bajista y fundador de la histórica y aún en activo banda de ska Los Pies Negros, de Cabo Rojo, agrupación que ha marcado un sonido propio y que tiene una amplia legión de seguidores en México, Colombia o Ecuador.
Otras bandas que han sonado con fuerza en la región noroeste durante las últimas décadas han sido los isabelinos La Mancha del Jardín, los mocanos Los Petardos -quienes han definido su sonido como Rock & Roll con Gandules-, o los aguadillanos Anti-Sociales.

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