El Covid-19 y una nueva forma de morir

AWILDA ABREU EXIA-MSW

(Dedicado a todos los fallecidos a causa del Covid-19 y a sus familiares, especialmente a mi primo Frank Abreu Ruiz (Papito).

Cuando el enemigo invisible, Covid-19 nos atacó en Puerto Rico y en tantos países, ciertamente trajo una serie de cambios en todos los aspectos: económicos, religiosos, recreativos, sociales. Uno de los cambios que más ha llamado mi atención y el que más tristeza me da, es el de la muerte. Nunca he escrito sobre este tema. Y tal vez, a algunos lectores les pase lo mismo, pero es lo más seguro que tenemos. Con esta horrible pandemia hemos podido ver en las noticias y en las redes sociales la gran cantidad de personas que han fallecido alrededor del mundo. 

Es muy cierto que el Covid-19 inmediatamente lo relacionamos con muerte.  Hemos visto personas jóvenes fallecer, niños, médicos, enfermeras; o sea, el virus no discrimina. Cuando un paciente afectado por el Covid-19 es ingresado a un hospital inmediatamente es separado de su familia y demás seres queridos. En ese momento muchos se despiden y no saben si van a sanar y volver a ver a su familia o si es una despedida para siempre. Los pacientes son aislados y si están muy mal los llevan a intensivo. No tienen con ellos nada, mucho menos un celular. En artículos que leí, pude ver como en España unos médicos buscaban su tableta para que el paciente pudiera escribirle a su familia y en el mejor de los casos, poder verse por cámara.

 En mi ingenuidad, yo pensaba que les prestaban la tableta o celular para que se pudieran distraer un poco. Pero no era así; en casi todos los casos, era para poder despedirse de su familia o poder verlos por última vez. Estos pacientes que no lograron sobrevivir nunca pudieron tener una visita, un familiar que le buscara un poco de agua, les acomodara su sábana, les leyera un Salmo o pasaje de la Biblia o simplemente les hiciera compañía. La familia nunca sabe cómo está realmente su paciente, pues si llaman por información, es poco lo que dicen. Simplemente dicen “está estable”. La familia no sabe si ha empeorado. Y sigue albergando la esperanza de que sane, pero al otro día pueden llamar para decir “falleció”.

 Luego, es otro sufrimiento; no puede haber velorio ni ser sepultados. Lo que se ha estado haciendo es cremarlos. Y también es un proceso que tarda mucho, especialmente en las ciudades donde los fallecidos eran miles. 

El Coronavirus trajo una nueva forma de morir, no solamente todo el sufrimiento al no poder respirar, etc. Sino por estar solos, lejos de sus seres queridos. Y en el caso de los pacientes bien religiosos, como era mi primo, debió ser muy fuerte para él morir sin recibir la Santa Comunión ni el Sacramento de la Extremaunción. Y él era un Ministro de la Eucaristía, quien llevaba la Comunión a los enfermos, pero no pudo recibirla antes de morir.

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