CUESTIÓN DE FONDOS Y FORMAS

VÍCTOR CORCOBA – Escritor, desde España

Con el embarazoso impacto de la crisis COVID-19 en todas las sociedades del mundo, hay que tomar otro espíritu, al menos para que ganemos en confianza, y aglutinemos una mayor cooperación entre todos, a fin de que las naciones mejoren el propio bienestar social de sus moradores, pues aunque en el mundo hay alimentos suficientes, hay un problema de acceso por parte de un nutrido sector de la población, que aunque ya venían atravesando la pesada epidemia de la exclusión, ahora se ha agravado como indica el último informe de la agencia de la ONU para la alimentación.
Desde luego, no podemos continuar bajo el lenguaje de la superficialidad, o del dejar hacer, hemos de exigirnos, por propia conciencia humana, ser más coherentes entre lo que decimos y hacemos, y también propiciar otros impulsos más auténticos encaminados a esa unidad y unión, que hoy se requiere más que nunca, cuando el tejido social se está rasgando y la gente está sufriendo como jamás. Nuestro mundo se enfrenta a muchos enemigos comunes; ya no solo estamos en guerra con un virus, también estamos en contienda permanente con nuestros seres más próximos, a los que apenas les prestamos tiempo y atención.
Nuevas estimaciones del Fondo Monetario Internacional indican, precisamente, que cerca de cien millones de personas de todo el mundo podrían caer en la pobreza extrema, suprimiendo así todos los avances en la reducción de la estrechez logrados en los últimos tres años.
Por esta razón, todos debemos de hacer más, cada cual desde su posición, para promover una recuperación más inclusiva, que beneficie a todos los segmentos de la sociedad.
Decirlo es fácil, hacerlo no tanto.
Lo prioritario, a mi juicio, es que tenemos que asegurarnos que todos estamos trabajando juntos por un mismo horizonte armónico, respetuoso con todo ser vivo, y que a nadie se le quita del medio por defender sus derechos.
Esta situación, de buen fondo y mejores formas, lo que nos garantiza es otro planeta más habitable y cohesionado, pues si vital es recuperar enfoques colaborativos entre países, al menos para acelerar las transiciones verdes digitales, también es fundamental acabar con la cultura del privilegio que hasta ahora naturaliza las desigualdades, las discriminaciones e insta a construir sociedades verdaderamente que se opongan entre sí. Sea como fuere, no podemos continuar bajo esta debilidad.
Ha llegado el instante preciso de intercambiar ideas, de aprender unos de otros, de fortalecernos recíprocamente, con esa capacidad inherente que todos tenemos de recuperarnos frente a la adversidad, al menos para seguir proyectando un futuro que a todos nos pertenece por igual.
No olvidemos, que un país, una civilización, se puede enderezar por la forma que tiene de relacionarse entre sí y por el fondo con el que se dona su gente.

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