Criterios a seguir al momento de institucionalizar a su ser querido

Institucionalizar a un padre o madre en los llamados hogares de ancianos o “asilos”, es una decisión que puede ser traumática si se ha mantenido una relación estrecha con ese ser querido a lo largo de la vida. Como en cualquier otra relación, si ha habido mucha interacción y co-dependencia, el sentido de culpa y la sensación del nido vacío podría escalar niveles significativos.
En ocasiones, la familia, sobre todo el tutor o la persona que asume el liderato en cuanto al cuido de esa persona, recibe opiniones diversas de familiares y amigos “bien intencionados”. Unos dicen: “Es lo mejor que puedes hacer”, otros: “No lo hagas, mantenlo en tu casa lo más que puedas, yo te ayudo a conseguir a alguien que te ayude a cuidarlo”.
Ambas orientaciones tienen sus altos riesgos. Veamos cómo podemos reducir dichos riesgos.

  • Reúna el núcleo familiar, cuya opinión sea importante y confiable para usted, para contestar la siguiente pregunta: “Papi, está exhibiendo las siguientes conductas, esto me trae los siguientes problemas y situaciones: xxxx. Estoy pensando en llevarlo a un hogar. ¿Qué opinan?”
  • Antes de considerar una institución para su progenitor o familiar, abra un “log” o registro de signos (conductas “raras” o signos que le llamen la atención, además de todo lo que verbalice el paciente que le resulte interesante). Este log le permitirá precisar, con la ayuda del personal médico, el alcance y riesgos de la problemática, para que el médico emita el diagnóstico apropiado. De esta forma, podrá parear el tipo de “hogar” idóneo para su familiar.
  • Existen hogares más especializados que otros, por ejemplo, los que están dedicados exclusivamente para pacientes de Alzheimer. Tanto el personal como las facilidades están sometidos a requerimientos legales y médicos diferentes.
  • Active al equipo médico de su paciente. Es su derecho. Este equipo debe estar constituido por el médico de cabecera, un neurólogo, un psiquiatra-geriatra (preferiblemente) y cualquier otro profesional que sea pertinente. Tal vez reunirlos físicamente a todos sea difícil, pero al menos una conferencia telefónica entre todos, sea más factible. Solicite recomendaciones por escrito. Con los cambios que presuponen los expedientes electrónicos, la generación de esta recomendación es más fácil. La recomendación debe incluir: diagnóstico, prognosis (posible desarrollo futuro de la enfermedad), historial de medicamentos, precauciones a tener con el paciente.
  • Haga una lista con nombres, dirección física, dirección postal, dirección electrónica, teléfono, nombres de propietarios y capacidad de matrícula de cada hogar que le quede geográficamente razonable. Hay que tener presente que el tutor o familiar responsable, debe visitar el hogar, al menos una vez en semana y mantener contacto telefónico, si posible a diario, con los oficiales que tenga el hogar.
  • Obtenga nombre y teléfonos de familiares de personas que ya vivan en el hogar. Ellos pueden describirle justamente consistencia en la calidad del servicio, así como listarle las fortalezas y oportunidades que tenga el hogar.
  • Separe en su agenda varios espacios de tiempo, (mañanas completas o tardes completas) para visitar “sin avisar”, a cada uno de los hogares o instituciones que sean de su interés. Planifique estar de cuarenta y cinco minutos a una hora en cada entidad.
    Solicite a alguien de su entera confianza para que la acompañe en cada visita, preferiblemente que sea la misma persona. Su visita es realmente una inspección, las inspecciones son más efectivas cuando se realizan dos o más personas.
  • Haga un listado de los criterios que observará en cada lugar. Una hora se puede considerar un lapso de tiempo razonable para captar detalles en un lugar. El siguiente listado de criterios le puede ayudar como punto de partida. Compare chinas con chinas, o sea utilice los mismos criterios para evaluar las diferentes instituciones.
  • Elabore un presupuesto que le permita establecer el límite máximo que está dispuesto a pagar.
  • En la manera que sea posible, SIEMPRE involucre a su progenitor o familiar en todo el proceso desde el paso A hasta el paso Z, al menos manténgalo informado de cada paso y el progreso de cada gestión. Conviértase en un vendedor de los beneficios que ganará en su nuevo “ambiente”. Comience un proceso paulatino de adaptación.
    Ingresar a una institución de sopetón puede ser traumático. Por lo tanto, llévelo de visita corta un día (1 hora) y manténgase allí con él o ella. En otro momento, déjelo de 2-4 horas solo, exigiendo al personal, que le brinden atención especial. Y así sucesivamente.
  • Son muchos los riesgos de buscar y contratar por su cuenta a un cuidador para que atienda a su familiar en su residencia. Mejor contacte una firma dedicada a este tipo de servicio.
  • Por último y no menos importante, ingrese a un grupo de apoyo en su comunidad y/o busque terapia de un psicólogo(a), que le ayude a procesar esa nueva realidad en su vida familiar.

Tenga presente que no hay nada que supere el envejecer en entorno conocido y familiar. Para ello tenemos la opción de cuido a domicilio.

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