Boricuas en la diáspora sueñan con la isla

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Por: Viviana Tirado Mercado /Twitter: @VTiradoM

Decidió irse. Si se quedaba, su hija —que estaba por nacer— podría morir. Mientras Puerto Rico a duras penas respiraba a un mes del paso del huracán María, Christian Yomuel Mojica Vélez no lo pensó dos veces y emigró de la isla hacia los Estados Unidos.

Ahora, un año después del embate de María, su hija ya tiene cinco meses de nacida. El suelo que la vio nacer fue el estadounidense. Ella todavía desconoce los múltiples factores que hicieron que su madre y su padre tomaran la decisión de irse.
Se enterará con el tiempo que el apartamento de ambos fue pérdida total por los estragos de María y que el techo de la casa de su abuela paterna voló por los vientos del huracán. Sabrá que el embarazo de su madre era de alto riesgo y que tras el paso de María no había doctores que la atendieran.
Mientras la pequeña Lunna absorbe su entorno, Mojica Vélez busca la manera de retar la distancia por medio de las tradiciones y la cultura boricua –que a su vez le transmitirá a su hija, retoño de dos puertorriqueños.

La identidad

“Recuerdo que le dije a mi esposa una vez: ‘Nosotros no vamos a volver a escuchar un coquí hasta que regresemos a Puerto Rico’. Ella [su esposa] me miró…Yo estaba destrozado y fue en ese momento que me dije: ‘a mí me hace falta estar en Puerto Rico’”, contó el joven de 26 años, quien ahora reside en Houston, Texas.

Por tal razón, y ante este nuevo panorama, Mojica Vélez siempre lleva la monoestrellada en el retrovisor de su carro –esa que ondeaba en los carros y casas como símbolo de unión y recuperación en el 2017. Para él, según dijo, es una manera de llevar a su patria a todos lados.

La otra forma es por medio del popurrí musical de la Isla: trova, salsa y reggaetón.
“Lo más que me ha mantenido cercano a Puerto Rico siempre ha sido escuchar la música”, dijo el también bailarín de folclor. Según contó Mojica, la primera vez que visitó la barbería a la que asiste desconocía que era puertorriqueña. Llegó allí por recomendación y al entrar sintió un ambiente distinto. “Al fondo había salsa. Todos te saludaban. Fue allí donde yo volví a sentirme en casa, en mi patria”, precisó el joven. Ese lugar ahora es una extensión de su hogar.

Ciertamente, Mojica busca la forma de achicar la distancia. Hace su propio sofrito y a un vecino tejano le confecciona comida puertorriqueña. Un menú que consiste en arroz con gandules, alcapurrias y chuleta frita.

Cuando se le pregunta qué extraña de Puerto Rico, toma un profundo y largo respiro. Recurre a su sentido olfativo para contestar la pregunta: “El olor, el aire, el calor de la isla…Cuando entras a un chinchorro de comida y tu respiras ese aroma de arroz con gandules, alcapurrias recién sacadas del sartén. Es ese olor a playa. Estar por la costa, bajar los cristales para que te dé ese olor a salitre. [Extrañar a Puerto Rico] es hasta cuando te bajas del avión que sales del terminal y te da el olor a suciedad. Me hace falta todo. El olor a la naturaleza. Ese sabor familiar que había en la isla. Ese olor no lo puedes encontrar en ninguna otra parte del mundo”, aseguró.

Agregó que su deseo es estar a cinco minutos de la playa Caza y Pesca en Arecibo, mientras se come una alcapurria en el negocio el Guayabo de dicho municipio. “Son esas cositas chiquitas que uno se disfruta porque ahora tú vives en un estado a miles de millas de distancia para ir a cualquier lugar”, comentó.

Éxodo de jóvenes adultos puertorriqueños tras María

Mojica Vélez forma parte de los 114,000 a 213,000 residentes de Puerto Rico que abandonarán la Isla anualmente después del huracán María, según las estadísticas estimadas del estudio del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College en Nueva York: Estimates of Post-Hurricane Maria Exodus from Puerto Rico.

Según ese mismo estudio, a partir del 2017 hasta el 2019, Puerto Rico puede perder hasta el 14% de su población. Es decir, 470,335 residentes. “En otras palabras, Puerto Rico perderá la misma población en un lapso de un par de años después del huracán María como la Isla perdió durante una década anterior de estancamiento económico”, lee el documento.

Incluso, ejemplo de esto es el caso de Edward López, joven de 27 años que emigró hacia el estado de la Florida de los Estados Unidos en junio de 2018.

Su partida no fue inmediata, pero María jugó un papel protagónico en el futuro de López. El también maestro de educación física, iba a ser empleado en una de las escuelas del sistema público del país que cerró por causa del huracán. No ajeno a la situación económica que vive la isla, el otro centenar de escuelas que el Departamento de Educación (DE) cerró este año opacó las posibilidades a este recién graduado de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Arecibo.

“El huracán María me abrió los ojos. Terminaba mi bachillerato y trabajaba en un restaurante. Yo quería progresar, pero María fue un obstáculo fuerte. Causó daños. Conseguir trabajo en esta área es difícil. Quiero ejercer lo que estudié”, aseguró el joven.

López dijo que María eliminó una venda en los ojos de muchos residentes de la isla. Destapó la realidad de la pobreza, la necesidad y –en una mejor manera– impulsó en algunos perseguir sus sueños.
Tanto Christian Yomuel como Edward López se fueron a los estados que, según el estudio, recibirían a la mayoría de los boricuas: Florida, Pennsylvania y Texas, respectivamente, tras el paso de María.

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