Artesana mantiene vivo el arte del petate

Durante años fue el sustento de muchas familias en el suroeste del país, en especial en el pueblo de Sabana Grande. Las artesanías de petate lograron dar de comer a cientos de familias del ‘Pueblo de los prodigios’ y producir utensilios para el hogar en una época en la que no existían productos industriales.
Las manualidades hechas con la hoja de la palma de petate, cuyos tallos crecen en el Bosque Estatal Susúa y cuyas fibras son utilizadas para fines tan diversos como confeccionar alfombras para el hogar o esterillas para secar el café, han cobrado en este municipio tal importancia histórica que desde hace años se conoce a Sabana Grande como “La ciudad del petate”.
Sin embargo, este arte tradicional estuvo en peligro de desaparecer no hace tanto tiempo, frente a la proliferación de técnicas modernas de tejido que lograban materiales más resistentes que el hollejo de petate, y a productos como los matress, que sustituían al ancestral jergón de petate, que servía de sostén para dormir desde tiempos ancestrales.
Por eso, la labor de los artesanos sabaneños para preservar este patrimonio material es de gran valor, y expresiones como el Festival del Petate, han tenido una importancia tan grande para poner en su justo lugar esta tradición que se remonta a los tiempos de los taínos, quienes usaban esta fibra natural como esterillas para dormir o como elemento funerario para reposar el cuerpo del difunto.
Actualmente, y tras muchas luchas para que el arte del petate no desapareciera, una nueva cepa de tejedoras y tejedores aprovechan la nobleza del material, su ductilidad y estética rústica para crear productos como sombreros, collares o carteras.
Una de esas emprendedoras vinculadas al arte del petate es Norma Gómez, artesana y dueña del negocio ‘El arte del petate’.
El primer contacto de esta artesana petatera fue en el núcleo familiar y su comunidad.
“De pequeña era vecina de doña Monserrate, nuestra artesana mayor, en el sector El Cedro. Mi abuelo era cuñado de ella. En esa comunidad había otras personas que hacían petates, como doña Saturnia”.
Aunque el petate siempre fue un oficio de mujeres, a esos nombres también hay que añadir la presencia de algunos hombres.
“Los hombres trabajaban con la fibra del petate porque eran escoberos, utilizaban el parlote de la palma para hacer las escobas. Entre ellos estaba Venancio Pagán -esposo de doña Monserrate-, Victoriano Pagán, Gerardo Rodríguez Salcedo y Marcial Santana”.
Sin embargo, como en toda tradición, la desaparición física de los portadores significó la progresiva desaparición del saber popular.
“Cuando ellos van muriendo la tradición se fue perdiendo. Pero doña Monserrate, que murió con 104 años, transmitió su conocimiento a su hija Cándida Pagán Montalvo, conocida como Paula, que todavía continúa haciendo los petates, y también a su nieta Santa Pagán”, expresó Norma Gómez.
A nuestra entrevistada el conocimiento le llegó a través de otra histórica artesana del pueblo: Beatris Nazario Torres, otra discípula de doña Monserrate.
“En 2013 me invitaron a un taller con ella, aunque en primer lugar estaba interesada en el curso para aprender bordado. Me dijo que tenía que tener la Singer, y como yo no la tenía, cogí el taller de petate”.
Gracias a esa accidentada casualidad, Norma pudo adiestrarse junto a 6 personas más, de las cuales 5 terminaron el taller y fueron certificadas por Fomento como artesanas.
“En 2014 surge un proyecto que se llamó ‘Al rescate del Petate’. La Compañía de Fomento, junto con el Centro Cultural de Sabana Grande, querían impactar a toda la comunidad. Por eso, cada una de las 5 artesanas certificadas recibimos a nuevos aprendices para acercarse a esta labor”.
En esos talleres formaron a 67 nuevas artesanas, incluidos algunos varones, aunque a día de hoy no son más de 10 las personas dedicadas al petate en Sabana Grande.
“De mi grupo salieron 4 nuevas artesanas, y de esas hay dos trabajando la fibra y vendiendo piezas”, compartió orgullosa Gómez.
A partir de entonces, asegura, “empezamos a notar un resurgimiento. Nos salimos del petate tradicional, e inventamos otras artesanías: Quijotes, muñecas, carteras, etc. Se diversificó la artesanía”.
La labor de dar a conocer el petate ha sido progresiva, y ha significado mucho esfuerzo de promoción, educación y largas horas en ferias de artesanía y fiestas patronales.
“En 2017, un artesano de Lajas, el tornero Jorge Rivera, me conectó con Zulma Santiago, promotora de la feria de artesanías de Plaza de las Américas. Ella evaluó mis artesanias y me invitó a una actividad internacional en Guaynabo. Fue mi primer paso para dar a conocer mis artesanías”.
Gracias a la labor de Norma, esta tradición ha logrado renovarse y convertirse en su modo de vida principal. Pero reconoce que todavía falta mucho para lograr que el petate sea realmente reconocido.
“Mucha gente no sabía lo que era un petate, incluso en Sabana Grande. Especialmente muchos jóvenes. Por eso queremos seguir rescatando la tradición y preservando nuestra cultura”.

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