Opinión Política

PETER MULLER

PUERTO RICO
Han sido momentos difíciles para nuestro para nuestro país, momentos de mucha solidaridad y cooperación de todos los sectores religiosos, políticos, cívicos, culturales y económicos. Jamás se había visto tanta incertidumbre en nuestro país. Muchos siguen saliendo corriendo de Puerto Rico y otros no les queda más remedio que sufrir las consecuencias de seguir en una isla en medio del mar sin mucha esperanza. Hay vientos de desesperanza por doquier, mucha incredulidad y sobre todo falta de confianza en las instituciones de gobierno. Es bien difícil convencer a un pueblo de que esto va a volver a levantarse ante tanta angustia y desesperación. Aun así el gobernador de turno y los líderes legislativos están trabajando sin tregua para que nuestro pueblo no pierda las esperanzas y el valor que muchos puertorriqueños hemos tenido para seguir luchando de frente contra la adversidad. No son tiempos fáciles para Puerto Rico, pero sí podemos probarle al mundo que los boricuas estamos hechos para los temporales naturales o económicos que vengan. Nunca hemos visto a nuestra raza rendirse y mucho menos huir de cualquier problema que puede amenazar nuestra existencia. Es momento de entender que son más las cosas que unen a este pueblo que otras que lo puedan dividir. Ha sido del agrado de todos ver al gobernador Ricardo Roselló, haciendo un llamado a todos los sectores políticos para ir unidos a Washington, a buscar lo mejor para todos, y eso hay que agradecerlo. Necesitamos comprensión, serán tiempos difíciles durante los próximos meses debido a la devastación de los fenómenos naturales, en otras palabras, el panorama se ha complicado más de la cuenta. No tengo dudas que Puerto Rico tiene un gobierno y una legislatura capaz de devolverle la confianza a este país por las muestras de unión y de liderazgo que han demostrado hasta el momento, lo que tengo duda es cuánto podrá resistir económicamente el país ante las situaciones que han ocurrido. Por eso hago un llamado de cooperación ciudadana y al civismo. Extiéndale la mano al necesitado, es momento de demostrar que somos un pueblo cristiano y que aunque estemos pasando las más difíciles todavía queda sensibilidad en nuestros corazones.

 

CHARLIE HERNANDEZ

EL MAREO DE IRMA
Como todos los de mi generación, asociamos la temporada de huracanes con Eloisa, Hugo y Georges.  Tal vez, por eso nos preparamos sin alarmarnos. Sabemos que cada cierto tiempo Puerto Rico será golpeado por un ciclón, y los resultados serán los mismos: el caos esquizofrénico de la preparación y la espera, miles sin agua y electricidad, daños a la propiedad y la lenta pero firme recuperación.  En resumen, estoy convencido de que estos eventos muestran lo mejor y lo peor de nuestra gente. Esta vez no fue la excepción. Otra vez pudimos ver cuan frágil es nuestra infraestructura, cuan poco preparados estamos para el sacrificio y la incomodidad, y cuan manipulable es la opinión pública. En esta ocasión hasta la oposición política se ha creído el libreto del “gran trabajo” del gobernador durante el paso de Irma. Tristemente se les escucha repitiendo felicitaciones para lucir cívicos y apolíticos, pero no prestan atención a la verdad de las cosas.
¿Cómo es posible que nuestras utilidades básicas colapsaran ante un huracán que apenas llegó a golpearnos?  Mientras el gobierno culpa a los predecesores por el mantenimiento, nos preguntamos, ¿qué rayos hizo la actual gerencia de la AEE durante los ocho meses que llevan en el poder para proveer ese mantenimiento? Se colgaron en prevención. Sin embargo, en lo único que este gobierno merece crédito es por su modelo de comunicaciones que logró ocultar por unos días sus evidentes fracasos. Atendieron la crisis con aparente formalidad en contraste con el estilo adolescente e informal del gobierno anterior que no parecía ver la diferencia entre anunciar un huracán e invitar a una fiesta de amigos. Esas cosas crean opinión y juicio, al menos por un tiempito. Creo que este gobierno hubiera sumado credibilidad si no hubiese pretendido marearnos con su libreto de campaña con cargo al huracán. Al final, la verdad les golpeó en la cara: un huracán que no llegó nos dejó sin electricidad por un periodo innecesariamente prolongado y, todo el politiqueo del mundo, no pudo ocultar la oscuridad de las calles capitalinas. Para colmo, el Director Ejecutivo de la AEE ha sido desenmascarado por sus constantes mentiras y el Gobernador ha decidido desacreditarse apoyándolo.  En síntesis, si estiran demasiado el paquete solo se lo creerán los incautos y los fanatizados. Al menos a mí, no me marearon con Irma.

 

LUIS DOMENECH

El mercantilismo ante los huracanes
De partida debo dejar meridianamente establecido que favorezco, desde lo más profundo de mi consciencia, el derecho a la libertad, la igualdad, la solidaridad, la democracia participativa y la moral social entre los seres humanos. Son ellos los elementos sociológicos que hacen posible la sana convivencia, la interacción y el más amplio y efectivo desarrollo democrático de los pueblos. Sin embargo, pienso que la democracia contemporánea atraviesa por su mayor estado de deterioro tanto institucional, moral como existencial ante el predominio de un capitalismo corrupto, depredador y falto de solidaridad ante la desigualdad, la injusticia y la miseria humana.  De hecho, cada día me convenzo más que la democracia y el capitalismo acaparador son esencialmente conceptos opuestos, antagónicos y contradictorios.
La democracia, por su propia naturaleza, está llamada a llevar sobre sus hombros una mayor carga de dignidad, solidaridad y altruismo ante el capitalismo depredador de nuestros tiempos.  A nuestro juicio, resulta contradictorio glorificar la democracia donde prevalece la desigualdad, el discrimen, la xenofobia, la homofobia, la misoginia, el desempleo, la pobreza extrema y la división de clases. Todo ello ocurre mientras se le rinde culto al capitalismo desalmado y anti solidario, cuyo afán de lucro compulsivo tiende a corromper la mente y los valores sociales, tan indispensables para la sobrevivencia misma de los pueblos contemporáneos.
Y los estudios no mienten. El 99% de la riqueza pertenece apenas al 1% de la población mundial. Es decir, el poder y la influencia absorbente del capitalismo usurero se ha convertido, más allá de toda duda razonable, en la piedra angular alrededor del cual emana el materialismo, el acaparamiento, el individualismo, la descomposición social y el predominio de los gobiernos corruptos que se dedican a saquear la riqueza de los pueblos sin importarle los devastadores resultados sociales. Jamás podremos alcanzar la tan deseada reconciliación social y la paz mundial mientras los llamados gobiernos democráticos continúen en manos de los usureros del capitalismo insensible que nada siente ni padece por el bien común.  A estos magnates del capitalismo poco les importa la educación y la salud pública, la contaminación ambiental, el calentamiento global y la desigualdad humana.
Su objetivo es multiplicar y amontonar grandes sumas de dinero aunque para ello haya que violar las leyes ambientales y los derechos humanos reconocidos por los foros internacionales. Estos perciben a la raza humana sencillamente como un valioso instrumento de explotación al servicio del capitalismo mundial y de sus respectivas fortunas oligárquicas.
Igualmente, estos multimillonarios son los mismos capaces de darle la bienvenida a los huracanes y todo tipo de catástrofe natural para enriquecer sus millonarias empresas mediáticas, petroleras, salubristas, industriales, alimentarias y constructoras. Ello a costa del dolor y la miseria humana. Ejemplo de ello son los inescrupulosos dueños del petróleo al capitalizar las inundaciones de Houston y el huracán Irma para elevar los precios de la gasolina.  ¡Depredadores!

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